Cómo ponerle freno al acoso en el trabajo

Las formas de someter a otra persona al maltrato psicológico o la seducción no correspondida son muchas y a veces sutiles. Aquí, cómo diferenciar situaciones y cuándo y cómo decir "No".

“¡Fue un chiste nada más, qué exagerada! ¿Cómo te vas a enojar por decir eso sobre tu escote?”

“No creo que te lo haga a propósito. ¿Cómo no te va a dar trabajo para humillarte? ¡Es insólito!” Podemos describir tantas situaciones de este tipo que ni siquiera imaginamos la diversidad de circunstancias que se dan, en el ámbito de lo laboral, y que personalizan verdaderas violencias; tanto en hombres como en mujeres.

La figura del acoso es tan cobarde como repudiable, pero además muchos personajes se toman sutilmente de ella para dar siempre lugar a la ambigüedad y la duda de quienes desconocen cuán mal la puede estar pasando alguien, respecto de su acosador.

Pero hay pautas, señales concretas, que no sólo percibe el sujeto acosado sino muchas veces el propio grupo de trabajo que lo rodea.

 

 

La psicóloga laboral Viviana Imperiale cuenta: “Hay diversos tipos de violencias que pueden darse en el ámbito laboral. Una se trata del acoso sexual, que implica una serie de conductas ejercidas deliberadamente, de alguien hacia otra persona, con una connotación sexual; colocando al acosado en una situación de objeto, no de sujeto. Por otro lado también existe el mobbing, o violencia psicológica, que puede ser pasiva o activa. El error es que muchas veces nos quedamos con la idea de que la violencia es sólo gritar o maltratar a alguien, y no es así”.

Naturalizar el maltrato ejercido sobre uno, o sobre otro compañero; cuando no se dice lo que molesta o abruma; o no poner límite al acoso sexual otorgan cada vez más poder del acosador por sobre el acosado.

Ante una situación de acoso psicológico “hay un tinte agresivo o violento en donde el deseo del otro (acosador) no es agradar y mostrar su poder, sino destruir a la persona que hostiga para poder seguir detentando ese poder. Es un deseo que nace en el acosador de en socavar a la otra persona; ya sea porque considera que lo opaca, porque le molesta como es, o porque tiene todo tipo de logros a nivel familiar, personal o laboral que el violento no puede poseer”, argumenta Imperiale.

 

 

Los ejemplos de mobbing van desde hablar de manera permanente, o mofarse de características físicas de la persona, hasta comentar maliciosamente a espaldas de ella diversos aspectos, gritarle, burlarse de su vida privada o creencias, cuestionar su nivel de productividad y hasta difundir falsos rumores.

Las aristas son perversas y múltiples. Incluso cuenta el darle trabajo de más o no asignarle ninguna tarea a la persona sobre la que se ejerce ese tipo de violencia.

-¿Siempre podemos hablar de acoso psicológico en este sentido?

“Siempre y cuando se realice todo este tipo de conductas hacia una sola y misma persona de manera permanente. Si es hacia todos en general, no necesariamente implica acoso psicológico”, advierte la psicóloga laboral.

- ¿Qué aspectos hay que distinguir dentro de esta figura?

- El grupo, el acosado, el acosador (que es más complejo de distinguir a veces) y el grupo que ejerce la acción, ya que el acosador utiliza al grupo como herramienta para molestar y acosar por medio de situaciones comunicacionales (mensajes que no llegan, exceso o carencia de trabajo, etc.); tendiendo a generalizar y objetando que el acosado siempre hace mal las cosas o se equivoca. Sentar la duda sobre la víctima, manipulando las situaciones, forman parte de las características del hostigador”.

 

 

La violencia y el acoso sexual solapados

Cuando los parámetros de un “piropo”, la “broma inocente”, los roces físicos o mensajes se tornan permanentes (entre un compañero/a a otro/a, o entre jefe/a hacia el  empleado/a, o viceversa) y no cesan, aún luego de haberle explicitado al otro que no nos resulta agradable ese trato, estamos ante una situación de acoso sexual.

¿Cuál es el parámetro concreto para que no nos queden dudas?

Según fundamenta Imperiale: “Tiene que ver con el grado de incomodidad que la persona siente ante este acoso permanente, y si eso genera la disminución del rendimiento de su trabajo, además de hacerlo sentir humillado, más allá del género u orientación sexual. En general el hostigamiento tiene que ver con un nivel de poder utilizado por el hostigador por sobre el otro”.

- ¿Qué hacer si eso nos pasa?

- Hay que dejar de lado el miedo, juntar pruebas, poner en situación a los superiores sobre lo que está ocurriendo,  y sumar un psicólogo y un abogado externo que nos ayude a recabar esas pruebas, y a guiarnos. Pero no hay que dejar pasar el tiempo, de lo contrario es muy difícil demostrarlo.

Por otro lado es fundamental que todos nos comprometamos, como grupo testigo, ante compañeros que sufren este tipo de situaciones o mobbing; ya que no hay nada peor que la figura del testigo mudo. Todos somos protagonistas, y a cualquiera nos puede pasar./Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

 

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