¿El invierno engorda?

El hábito hace al monje, dicen, pues analicemos cuales te hacen subir de peso con el frío.

En invierno hacen falta más calorías para el bienestar del cuerpo, y junto con la ingesta de alimentos calóricos suele reducirse el ejercicio físico, da mucha fiaca salir a caminar, correr o ir al gimnasio. A su vez, los hábitos hogareños incluso los del trabajo atentan contra la salud, tus días en la mira.

El análisis de situación debe comenzar por:

¿Todo el día frente a una pantalla? En la oficina seguramente la mayor parte del tiempo estás sentada frente a la computadora, los desplazamientos son mínimos. En casa, las novelas nuevas, Netflix y tanta oferta para sentarse y quedarse mirando, incluso las redes sociales, nos tienen cautivadas y en esos momentos sólo se mueven los ojos y los dedos. Poner freno a las horas frente a la pantalla, las que no son netamente laborales, es un comienzo. Ver tele sobre la bici fija, una buena ayuda para no perderse de nada y ser más saludable. En el trabajo seguramente no te quede otra que estar sentada, pero, atención caminar unas cuantas cuadras o cambiar el auto por la bici, utilizar escaleras en lugar de ascensor son buenas ideas. Lo sabías ¿no? bien, a ponerlo en práctica.

Alimentos salva atracones. Llegás a tu trabajo y alguien cada día cae con tortitas, medialunas, galletitas de mil calorías, y el día es ideal para un desayuno rico, seamos sinceras. Pero después no hay vuelta a atrás, la balanza lo dirá. Tener cosas ricas a la vista, es una tentación hasta para monjes. Entonces estar preparadas con barras de cereales, frutos secos en medida, sopas light, sobres de cappuccino bajas calorías, frutas frescas, ayuda con los deslices. Preparar lo que vas a comer es indispensable. En casa, lo más fácil para cocinar o satisfacer a la familia, seguramente no es nada bajas calorías. Aquí la cuestión no es encerrarse mientras los otros comen, sino disminuir las porciones. Un plato grande, llama a llenarlo, por tanto cambiar de tamaño es un sano engaño. Y antes de comer siempre un caldo o una ensalada, salvan de las cantidades de las comidas calóricas.

La oscuridad, opio del engorde. Un día nublado, frío, la luz apenas ingresa en el hogar… lindo para atacar la heladera, buscar cualquier cosa dulce y acurrucarse para ver tele. Aquí nadie pretende sacarle los placeres a la vida, un café y un chocolate, no se le niega a nadie. El asunto es, disfrutar de ese momento y luego, moverse un poco, compensar. Es importante iluminar bien los ambientes para nutrirse de la luz solar y sanar cada habitación, para desperezarnos, para indicarle al cuerpo que estamos alerta. Así sube la concentración de leptina, la hormona que regula el apetito, y comemos cuándo y lo que debemos comer.

¡No como más! Resulta que te comiste dos tortitas esta mañana y decidís no comer nada más hasta la noche, no querida, no va por ahí. Lo aconsejable es ingerir una colación hipocalórica, para compensar y evitar que después comas en forma compulsiva. Por ejemplo, a media mañana un café con leche descremada se trata de una bebida caliente, proteica y con pocas calorías. Al almuerzo una porción de legumbres o carne, verduras cocidas y ensalada abundante, y siempre un caldo o sopa, calentita y saludable. Si vas almorzar afuera, que sea un menú sano, como carnes a la plancha, guarniciones de verduras crudas o al vapor. Es importante tomar agua, siempre. Y para hacerle frente a las tortitas, caminá media hora, de paso, te despeja la mente, hacés circular la sangre en tu cuerpo y al frío le sacás la lengua.

 

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