Estrés cómo manejarlo y cuándo hay que pedir ayuda

Hay que estar atentos a los síntomas para emplear herramientas para relajar cuerpo y mente, y también saber cuándo consultar a un profesional.

Si hacemos una pequeña encuesta en nuestro entorno seguramente más de un 80% de las personas acusan algún tipo de estrés, en diverso grado claro, pero estrés al fin. Podemos definirlo como una tensión física o emocional que a raíz de una situación o pensamiento provoca frustración, nerviosismo y hasta cansancio excesivo, angustia. Es ni más ni menos que la reacción del cuerpo a una demanda o desafío que se nos presenta o ante una situación traumática que vivimos. Pero cabe aclarar que el estrés es algo que tenemos todos los seres humanos, y en muchos casos es positivo porque es una tensión que ayuda a cumplir metas como la entrega de un trabajo o evitar un peligro, estar alertas en circunstancias difíciles. Pero cuando se torna más duradero como reacción ante una situación laboral por ejemplo, a la demanda de los niños, a las exigencias sociales, y nos genera malestares físicos y tristeza, es un tema a tener en cuenta.

 

Hay muchas formas de controlar el estrés cuando lo percibimos, aunque siempre es recomendable consultarlo con un médico para saber el tenor del mismo. Sin embargo aquí daremos algunas pautas que contribuyen a bajar las tensiones y ver los problemas que nos atormentan o la situación que lo desata, de otra manera. De la misma manera hacer una evaluación de todo lo que hacemos y no nos da miedo, develará que quizá hay situaciones mucho más problemáticas que las sorteamos sin dificultad, y esto ayuda con la autoestima.

Las técnicas de respiración y de relajación siempre ayudan.  Practicar yoga es una excelente propuesta que dan los terapeutas. De la misma manera hacer ejercicio o salir a caminar, correr, o ir al gimnasio. Al generar endorfinas nuestro cuerpo y mente se relajan, esto con respiración adecuada es un método relajante además de fortalecer el sistema inmunológico.

La meditación es muy buena práctica para estabilizar la mente y el cuerpo, para tomar conciencia de lo que somos, para centrarnos en el presente y que pasado y futuro dejen de ser una preocupación. Es una excelente manera para superar ansiedad y dolor.

Muchas veces es el miedo el que nos dispara el estrés, miedo a hablar en público, a ingresar a la facultad, a rendir una materia, a incorporarse a un nuevo equipo de trabajo, a salir con una persona, etc.. Frente a estos miedos lo importante es identificarlos, delimitarlos con la mayor precisión a fin de que lo pongamos en un lugar visible y comprensible para nosotras. En un comienzo para poder enfrentarlo y más aún para que no se pase a otras áreas de la vida.

Tener una visión amplia de aquello que nos pone ansiosas o nos estresa o incluso nos da miedo, o que nos obliga a estar con el escudo en mano, sirve mucho para identificar el alerta del cuerpo y de ahí en más tomar una medida: 10 respiraciones profundas, expresar en voz alta “puedo controlarme en este momento porque puedo controlar mi vida”, meditar, traer a la mente imágenes positivas, sonreír, dar un paseo en un lugar donde haya plantas y árboles.

 

Cuando es momento de visitar a un profesional

Es cierto que hay momentos en que el estrés nos hace daño y debemos consultar a un médico. Es cuando se tornó crónico, cuando está presente durante meses e incluso el cuerpo y la mente se acostumbran a este estado y ni siquiera se advierte que hay un problema. Pero hacer el chequeo emocional es importante, y ahí notaremos si nuestro estrés es crónico y puede afectar la salud y la calidad de vida de diversas formas desde presión arterial, aumento o disminución notorio de peso, insuficiencia cardíaca, problemas en la piel, diabetes, depresión, falta de energía y de concentración, disminución de la libido, mandíbula rígida, dormir mucho o por el contrario imposibilidad de conciliar el sueño y por supuesto en el caso de las mujeres problemas con los ciclos menstruales.

Las causas que ofician de disparadores del estrés son tantas que sería imposible enumerarlas, porque cada individuo según su historia y su organismo lo va a vivenciar ante diversas situaciones, y ninguna es tonta, es importante si te causa molestia a vos. Es frecuente oír no sé porque estoy estresada si hay tanta gente en el mundo que sufre de verdad. Pues es una mala comparación, es cierto que hay que valorar lo que tenemos y somos, pero si algo nos afecta negativamente también debemos prestarle atención.

Más allá de la razón del estrés notás que ante algunas situaciones sentís pánico, vértigo, tu corazón se acelera; sentís que no sos capaz de hacer algo que siempre hacías en tu casa o en el trabajo, que no tenés fuerzas, sentís miedo incontrolable o recuerdos de algún momento traumático en forma repetitiva y eso desata sudoración o agitación. Bien en estos casos hay que consultar a un profesional, desde tu clínico de confianza a un psicólogo o psiquiatra, ellos podrán escucharte y ver qué es lo mejor para ayudarte. No tengas miedo a pedir ayuda, este es el momento. 

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