La culpa: ese enemigo que dinamita la paz

Es un sentimiento que nos inmoviliza con su poder destructivo. Puede aparecer en cualquier época de tu vida y por diversos motivos: la infidelidad, la baja autoestima o las carencias afectivas. Pero hay claves para erradicarla.

Sentirse culpable es una sensación que ocurre en diferentes aspectos del ser humano, desde comer de más, serle infiel a una pareja, hasta algo tan grave como cometer un crimen. Pero: ¿qué ocurre cuando este sentimiento se vuelve cada vez más frecuente y no nos deja avanzar en nuestra vida cotidiana?

“Muchas veces el sentimiento de culpa surge de la creencia de haber transgredido las normas que suponemos que tienen un valor ético, ya sea personal o social, y especialmente si se ha perjudicado a alguien, o si sentimos que lo hemos hecho”, explica la psicóloga María Belén Rojas. Y añade que el “deber ser” nos atraviesa incluso previamente a nacer. “Somos colmados de expectativas ajenas desde el seno familiar, hasta que la sociedad y nuestro propio círculo nos imponen exigencias que nos dicen lo que debemos ser”.

 

 

Principalmente, a las personas culposas les resulta muy difícil encontrar un espacio para el disfrute, para realizar aquello que les produce placer.  Y a medida que el tiempo pasa, el peso de esta culpa va creciendo, a tal punto que el individuo comienza a tomarlo como algo natural y termina haciéndola cada vez más cotidiana.

Según un estudio realizado por The Society Personality and Social Psychology, el ser humano, siente culpa al menos 5 horas a la semana y, aunque resulte difícil de creer, la experimentamos de manera involuntaria. Desde olvidarse de comprarle un mapa a nuestro hijo para que lleve al colegio, hasta no visitar a nuestra madre anciana cuando ya somos adultos.

Por otro lado, según el diccionario de la Real Academia Española, la culpa es una falta más o menos grave cometida a sabiendas y voluntariamente. Pero la definición habla de la culpa jurídica; la culpa psicológica, paradójicamente, no se califica como grave y, a veces, ni siquiera real. Además, expresa que con frecuencia se siente culpa sin haber cometido delito o falta alguna, basta con que el sentimiento o la acción estén en contradicción con lo que la persona considera correcto.

 

 

Hay otros casos en donde la culpa viene acompañada de un deseo de felicidad que no creemos merecer, desde habernos quedado con un vuelto que no nos correspondía hasta gastar dinero en un viaje porque sentimos que hay otras prioridades.

Lo cierto es que llega un momento en que vivir de este modo es casi imposible de soportar y se vuelve agotador y tedioso. De hecho, terminamos haciéndonos cargo no sólo de nuestra vida y nuestros actos, sino que nos creemos responsables por las vidas y los actos de los demás.

Existen dos tipos de culpa: por un lado aparece la culpa positiva, que es la que nos sirve para darnos cuenta de que actuamos mal, y que nos permite analizar y corregir nuestra conducta. Es un modo de lograr un aprendizaje o enseñanza de aquello ocurrido. Y por otro lado, existe la culpa negativa en donde no podemos ver la salida. Este tipo de culpa nos hace sentir malas personas, creemos que la acción es irreversible y que ya no existe una solución posible. En estos casos, es difícil avanzar o encontrar una salida porque la persona está muy negada a aceptarla y no se deja ayudar.

 

 

¿Cómo entender el sentimiento de culpabilidad?

La culpa no sirve para solucionar nuestros conflictos. No somos culpables, sino responsables. Mientras más pensamos, más culpables nos sentimos, pero seguimos sin hacer nada al respecto. Cuando quedamos atrapados en ella nos concentramos en el pasado, en lo que hicimos o deberíamos haber hecho, cuando el enfoque tendría que estar en el presente. 

El primer paso es reconocer que el pasado ya no lo podemos cambiar. Por lo tanto, los pensamientos de “si hubiera...” o “yo debería haber hecho...” son una pérdida de tiempo que nos hace sufrir inútilmente.

 

 

El sentimiento de la culpa surge de un proceso subjetivo: está determinado por nuestra interpretación y valoración de los hechos. En algún punto, la culpabilidad es una elección; si bien hay que aceptar los errores y repararlos, éstos no deben afectarnos emocionalmente, sobre todo cuando otra persona es la que nos genera este sentimiento por no satisfacer sus propias necesidades.

Es bueno aprender a perdonarse y comprender que todos cometemos errores y lo más sano, es reconocerlo.

 

 

Consejos para alivianar “la mochila con sus cargas”

Aceptar nuestros errores sin llegar a considerarlos un fracaso, sino una oportunidad para no volver a cometerlos y evaluar por qué los cometimos.

Expresar los sentimientos de culpa, ya sea con un terapeuta, con nuestro círculo de confianza o bien con aquella persona por la cual creemos sentirnos culpables.

Buscar soluciones o pedir disculpas, si es que realmente hemos causado algún daño. / Carla Lioi - Especial para ADN Estilo

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