La hora de decidir: cómo ayudar a los chicos a elegir su carrera en el final de la secundaria

En época de ferias educativas muchos aún no deciden si continuarán estudiando o se sumarán al mercado laboral.

Llega quinto año de la escuela secundaria y todo es revolución. Los adolescentes transitan el último año de escolaridad obligatoria y entre la alegría del viaje de egresados, las salidas entre amigos y la fiesta de colación, el reloj marca la llegada de un nuevo camino: la universidad o el mercado laboral. 
Ese proceso de elección para muchos resulta confuso y por ello no logran decidir qué hacer con su futuro. 

En plena época de ferias educativas, en las que los chicos visitan estos espacios en busca de información y alternativas, los indecisos se encuentran entre la espada y la pared, en un momento de incertidumbre que se puede resolver con una orientación vocacional y apoyo familiar. 
“Los psicólogos ayudamos con una orientación vocacional. Más bien, orientación vocacional y ocupacional, porque no todas las personas están preparadas para estudiar, sino que prefieren trabajar. Incluso muchas se ven presionadas a elegir una carrera por su entorno. Desde la vocación o la ocupación, esta orientación es para elegir una carrera o un trabajo”, apunta la psicóloga Florencia Vitale especialista en adolescencia y orientación vocacional. 
–¿Prevalecen los mandatos sociales y familiares en el acompañamiento de los padres hacia los hijos?
–En cuanto a los padres es bueno pensar qué mandatos familiares hay en el entorno de su hijo, que los impulsan a una elección, sin que surja su individualidad. También aparecen factores económicos, y por eso en el caso de las carreras artística sigue habiendo muchas dudas. Porque si en su familia no hay artistas, muchos lo ven como extraño.  
–¿Qué se recomienda tanto para transitar este proceso de elección?
–Es bueno empezar desde temprano, así en quinto año no tienen todo para resolver.  Consultar a un profesional para que oriente tanto a los padres como a los hijos. Para que la persona pueda conocerse, ver sus cualidades y preferencias. Muchas veces los chicos empiezan una carrera motivados porque sus amigos estudian lo mismo, o porque para ellos es el éxito asegurado en lo profesional y lo económico. Y de algún modo sus individuales se presentan  a mitad de la carrera y comienzan con un bloqueo. Es importante que los padres acompañen y que puedan ver otras alternativas.  
–En este proceso de conocimiento y elección, ¿qué es lo más importante de analizar?
–Lo más importante es la orientación vocacional y elección de futuro: confrontar la fantasía con la realidad. Se idealiza cierta situación, pero quizá el adolescente no tiene recursos personales para realizarlo. Y también se suma lo social y lo económico.

En el momento de inseguridad sobre el propio gusto, los deseos para un futuro y las capacidades, muchos jóvenes optan por tomarse su tiempo y no elegir de manera apresurada.
–¿Es conveniente que los jóvenes indecisos se tomen el llamado “año sabático” para elegir su futuro universitario?
–Ocurre con frecuencia, que en esa indecisión se tomen su tiempo. Pero en ese año sabático muchos se sienten frustrados si no tienen una buena red de contención y termina siendo un tiempo perdido para ellos. Lo ideal es que en cuarto o quinto año de la secundaria puedan hacer un proceso y se planteen, se informen qué quieren y las posibilidades que tienen para su futuro. Que haya un movimiento tanto de los padres como de los hijos para buscar alternativas y no llegar a ese año sabático, donde muchas veces se confunden más y no se sienten productivos si hacen algo que les interese. 

La repitencia del año escolar en la secundaria es un punto de alarma tanto para el estudiante como para la familia.
Aunque en la actualidad el sistema educativo les brinda mayores posibilidades para promocionar un año, la repitencia entre los adolescentes se produce y puede ser un factor que incida en su futuro.
“Hoy hay menos dramatismo por parte de la familia. Pero para el adolescente es traumática la repitencia. Y siempre detrás de ese proceso hay algo más que el desinterés por el estudio. Ese desinterés por la escuela no viene solo, hay algo en su interior que no le permite ocuparse de sus mínimas obligaciones. Ese tiempo que se pierde tiene que ver con la madurez de cada uno. Y para la familia es difícil y es bueno en esos momentos consultar a un profesional, porque hay algo en su interior que no se está poniendo de manifiesto y no le permite avanzar”, dice la psicóloga. 
–¿Qué ocurre con el desarraigo de los jóvenes que deciden estudiar lejos de su casa?
–Hay una doble presión, porque se tiene que ir de su lugar, se tiene que hacer independiente en otro ámbito y enfrentar todo el mundo universitario, que es distinto a la escuela. Es un duelo de su casa y su ambiente, a comenzar otra etapa y adaptarse a otro lugar. En el caso de la familia si la elección del hijo les provoca confianza no es problemática. Y siempre hay algo de la propio elección de los padres, que ayuda a apoyar al hijo o a boicotear su elección. 
A veces ocurre que no eligen una carrera porque se tienen que trasladar. Pero el apoyo familiar se basa en la confianza de los padres hacia los hijos que deciden estudiar lejos de su ámbito. 


Para tener en cuenta

- El miedo al fracaso se confunde con el miedo a la equivocación.
- El miedo al cambio tiene que ver con el miedo a las pérdidas, el miedo al fracaso con el desprecio. Y el miedo a la equivocación  con el autor reproche. Cuando no se diferencian estos miedos, puede paralizar la elección. 
- Los padres deben acompañar el proceso, pero no desde su percepción o experiencia, si no allanar el camino de autoconocimiento a sus hijos.

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