Poner límite a los chicos una misión posible

Hablarles con amor, escucharlos, darles el ejemplo y respetarlos, es parte del proceso de acompañarlos en el crecimiento.

Entre las escenas de la vida cotidiana de la mayoría de las familias con hijos la cuestión de los límites es todo un tema. Los chicos desobedecen, gritan o arman berrinches cuando no se les da lo que quieren y en el momento en el que lo quieren, no cumplen con sus tareas y hacen todo lo posible por sacar de quicio a sus padres. ¿Son niños incontrolables? ¿Por qué me pasa esto a mí? Suelen preguntarse desconsolados los mayores.

Muchos padres se sienten impotentes ante las conductas odiosas de los pequeños, como si no pudiesen enfrentarlos. En su lugar intentan mirar para otro lado y compensar el tiempo que no están en casa con “permitidos”, o las frases tan inútiles como “la próxima vez que lo hagas” o peor aún, “vas a estar 2 semanas sin Play”, pero a las 4 horas de insistente súplica, ceden, y qué decir de cuando los padres se desautorizan uno frente al otro.

Los hogares muy permisivos donde cada quien hace lo que le place y con tal de no escuchar otro grito, reproche o pedido, se les dan todos los gustos, suelen ser hogares sin responsabilidades ni límites, entonces, no es lo más lógico que los niños crean que son el mismísimo centro del mundo, por tanto sus deseos deben ser cumplidos y punto. De lo contrario las recetas ya probadas por estos amos y señores: reclamos, gritos, llanto, reproches, y tanto más, en cuanto los padres ceden, los chicos entienden que encontraron el método para lograr lo que quieren.

Pero entendamos, los chicos necesitan límites claros y aprender que hay que tener en cuenta a los otros miembros de la familia, a las reglas de las escuelas o de las casas que visitan, saber que son amados, pero no por eso se debe hacer todo lo que ellos quieren o darle lo que piden. Las relaciones que entablen con sus hijos influirán en cómo enfrenten su vida, cómo se relaciones con sus pares y cómo expresen sus sentimientos.

Algunos ítems para reflexionar:

Hablemos. Seguramente te sientas colérica si el niño te desobedece, tira los juguetes o no ordena y el primer impulso, es gritar. Un rostro y una voz relajada le da otro tenor a la orden. Con el crecimiento y el desarrollo los pequeños aprenden a identificar emociones y a controlarlas, pero no se les puede exigir hacer algo para lo que aún no están preparados porque les afectaría su autoestima. Recordemos que cada niño es diferente y madura a su tiempo, por tanto no se los debe comparar con otros. Es necesario que los guiemos en el proceso de reconocer lo que les pasa de modo que no se dañen ni dañen a los demás. El diálogo es fundamental, charlar sobre lo que les pasa los ayudará a controlarse y a no desbordarse.

Tu opinión me importa. El tema del baño puede que te saque muy rápidamente, le decís 10 veces y se niega. Quizá la alternativa es ¿te bañás solo o te ayudo?, ¿querés algún juguete para la bañera? ¿Te preparo leche o querés yogur para cuando salgas? Así el participa incluso se siente libre de decidir. Esto es educar con el ejemplo, yo te hago partícipe, tu opinión me importa. Si los chicos ven a sus padres desbordados, coléricos ante una situación adversa, aprenderán eso y será imposible pedirles que tomen responsabilidades o cumplan con sus deberes. Por el contrario al mostrarse respetuosos, controlando el tono de voz, la forma de decir las cosas, hasta la mirada, ese será el ejemplo a seguir.

Terminá la tarea y vas a jugar. Los deberes en casa por estos días junto con los exámenes suelen ser un dolor de cabeza. Pero antes que te sientas devastada porque no se pone a estudiar o a revisar los cuadernos para ver las tareas, y antes de la pregunta ¿por qué te portás mal? O pórtate bien, haceme caso , etc., etc., etc., volvemos al tono suave y a las ordenes claras, “cuando termines los deberes vas a jugar”, “levantá tu taza y podés ir a ver tele”, “llevá tu mochila a la habitación, el sillón no es su lugar”, y todo dicho con amor. De la misma manera podés pedirle ayuda para alguna tarea: “podés ayudarme a poner la mesa”, y luego el agradecimiento y felicitación merecida, el niño se siente valorado.

Creé y cumplí lo que decís. Que las normas son para cumplirse es cierto, pero  que tantas veces nosotras mismas las quebramos es otra gran verdad. Si en la casa se ponen reglas las cumplen todos, empecemos por el ejemplo y además los niños aprenden de esta manera, y respetan a los padres. Saben que hay consecuencias frente a los retos que muchas veces ellos imponen, como pruebas de hasta dónde pueden llegar, o hasta cuánto tiran de la cuerda. Esto es educar en valores, explicar lo que está bien y lo que no debe hacerse. Es bueno mantener ciertos rituales y rutinas, por ejemplo en las comidas o a la hora de dormir, que fortalece el afecto y brinda seguridad.

Ayudarlo siempre. Es frecuente que los niños tiren todo si no les sale algo, se sienten frustrados. Pues ahí los padres deben estar cerca para ayudarlos, para sostenerlos y calmarlos, y, en especial para enseñarles que nadie es perfecto y que ante un error tirar todo no es la solución. De aquí se desprende otra situación:

Padres muy exigentes. Cuantos padres se muestran intolerantes al error, los persiguen en cada actividad para que todo lo hagan bien, pues nada bueno le están haciendo a sus hijos. En estos casos los peques se sienten exigidos a cumplir con las expectativas de los padres, entonces surge la rebeldía, pero mucho peor la culpa de no poder ser lo que sus padres quieren y por supuesto se tornan incapaces de expresar lo que les pasa. Otra vez, darles el espacio para ser, para equivocarse, para patalear y explicarles qué deben corregir, con calma y con voz suave, es parte de ser una autoridad positiva. Por otra parte también hay que darles tiempo para comprender las instrucciones que les dan y las normas y respetar sus tiempos, con firmeza y amor, se logra. Y sobre los errores, enseñarles que son parte del aprendizaje, y bienvenidos sean.

Pedir perdón. Cuando insulta, tira un manotón o expresa de forma inadecuada alguna disconformidad, hay que enseñarles a pedir perdón, esto es educación en valores. También pedir perdón cuando no se cumplió con algo, es lo que corresponde. La idea es compartir vivencias y esto incluye las frustraciones, temores, dolores que puedan sentir, entonces al darles el espacio para expresarse los chicos no acumulan tanta tensión emocional que los hace largar los juguetes por el aire o insultar, y en su lugar liberan esa tensión por canales de comprensión y amor.

Calidad de tiempo mata billetera. Muchas veces caemos en la facilidad de comprar para compensar la falta de tiempo que le dedicamos. Ordenarnos, ordenar los tiempos y en especial la calidad del tiempo dedicado a los niños le hace bien a toda la familia. Jugar con ellos sin mirar el celular, o hacer alguna actividad de la casa, charlar de lo que él o ella proponga, hacer planes juntos, divertirse, escuchar sus fantasías, sus ideas, lo que les gusta y lo que les molesta, son momentos únicos que forman parte de la educación, del sano desarrollo de los pequeños. Notarán que los chicos se tornan más comunicativos, más seguros, pueden decir lo que no les gusta y lo que necesitan y hacerlo sabiendo que sus padres escuchan, están ahí. Cuando no existen esos momentos de calidad,  los más chiquitos se comporten mal sólo, para llamar la atención.

 

 

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