¿Ves cien veces la misma peli?

Si encontrás un filme a cualquier hora y lo ves por más que sea la vigésima vez, lee el por qué.

Seamos sinceras, según las edades, y no las diremos acá, hay películas que marcan nuestra vida y que podemos verlas cientos de veces.  ¿Y qué?

Notthing Hill, piel de pollo, la escena cuando ella le dice: No olvides que solo soy una chica, delante de un chico, pidiendo que la quiera… ¡Pañuelos por favor!

Orgullo y prejuicio, amo a Mr. Darcy… ¿ustedes no? Pretty Woman… un clásico que no dejaremos de ver, punto.  El diablo se viste a la moda; Verano en pantalones;  Titanic; los capítulos de Sex and the city o Friends; El gran pez; El Descanso; El diario de Bridget Jones; Frankie & Johnnie... Para las más jóvenes Diario de una princesa, El señor de los anillos, Harry Potter, Realmente amor… para todas Medianoche en París, Antes del amanecer, y tantas más.

Resulta que esto que es tan nuestro y sobre lo que nadie tiene derecho a opinar, porque ya se sabe sobre gustos no hay nada estricto, fue estudiado en la Universidad de Chicago por Cristina Antonia Russell y Sidney Levy. Allí las investigadoras llegaron a la conclusión que repetimos las películas porque nos gustan, así de simple. Bien, lo sabemos, y agregaron que cada vez que las volvemos a ver nos gustan más. Ok, también lo sabemos, pero ahora ya tenemos respuesta científica que no somos las únicas en el planeta que encuentran a Julia Roberts a las 3 am y se quedan viendo otra vez el amor con buen final en el barrio londinense.

La repetición de esas historias que sabemos de memoria, que incluso podemos recitar sus diálogos y volver a llorar en los momentos cúlmines, no nos exigen mucho más que verlas, adorarlas, reparar en los detalles, nos da comodidad, familiaridad y una dosis de ilusión que nunca viene mal.

Pero no somos las únicas los niños repiten de una a mil veces su peli preferida. Es la misma situación les resulta familiar, se sienten en familia, cómodos, un lugar seguro. ¿Les suena?

Y qué pasa cuando nos encontramos viendo una peli de esas que no amamos tanto como las “memorables”  pero fue parte de nuestra adolescencia, nos recuerda buenos momentos, nos acerca a una parte nuestra que quizá estaba en el baúl de los recuerdos. Con quién la vimos, qué teníamos puesto, qué hicimos después, por aquellos días me gustaba tal chico, etc., escenas de nuestra vida.  Y no es todo, esa manera de volver al pasado –a través de esas películas- según las científicas de Chicago también puede contribuir a superar determinados momentos de tu vida: una ruptura, una muerte, un año fatídico, una mala experiencia, etc..

Y qué se puede decir de cuando te anotás siempre en el filme que casualmente tiene final feliz… , pues es lo que necesitás en ese momento, muñeca.  Quizá necesitás llorar nuevamente con El pianista, y llorar, llorar, y llorar… o Todo sobre tu madre… ¡por Dios!

Lo cierto es que aquello que nos hace bien, es bueno repetirlo ya sea para reír, para recordar o para desahogarse, entonces volvamos a ver las mismas pelis, que en definitiva, nos curan.

 

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